jueves, 2 de enero de 2014

Bebés en la madrugada: La llegada de Martino y Josefina.

Empezar a contar este capítulo de la historia desde el día que sucedió sería, en gran parte, olvidarse de los hechos que no pueden separarse de las futuras anécdotas que mamá y yo vamos a contar por el resto de nuestras vidas y que desencadenaron en la llegada al mundo de Martino y Josefina.
Así que haciendo honor a la verdad, esto empezó el 4 de diciembre, que es el día de la publicidad y por ende, feriado para papá. Mamá estaba de licencia por las contracciones y con nuestro tiempo libre a cuestas, habíamos planificado hacer una sesión de fotos profesionales para tener registro de la hermosa panza de mamá con los bebés adentro.
Ese día de calor terrible, habíamos estado toda la mañana cambiándonos de ropa y posando como modelos, homenaje al orgullo y amor que el contenido del vientre de mamá nos producía. Terminada la producción, mamá se agarró la panza y les dijo: "ya nos sacamos las fotos, pueden nacer cuando quieran", y todavía sonaba con una graciosa inocencia.
Más tarde tuvimos consulta en lo del doctor Jaime, que nos despidió con un contundente: no quiero tener noticias suyas hasta dentro de dos semanas.
Siesta en casa y por la noche mamá me dice: "gordo, y si comemos un asadito?" Así que fue asadito la cena y después a dormir, porque al otro día... al otro día no lo sabíamos, pero nos estaba por cambiar la vida.
Faltaban 15 minutos para las 5 de la mañana y la voz de mamá sonó tan dulce como alarmante: "gordo, rompí bolsa".
Como sabrán ahora, los bebés crecen en bolsas con líquido y un cordón que los conecta a la mamá. Cuando un bebé decide que ya pasó mucho tiempo en la panza de su mamá, rompe la bolsita para avisar que ya está listo y empieza a buscar la salida.
Yo, dormido, pasé de soñar a desperar en segundos y parado desnudo en la habitación no sabía qué hacer.
Llamé al doctor Jaime, no habían pasado las dos semanas que nos había ordenado. Ni dos días, ni siquiera 1. "Joaquín, Vanina rompió bolsa". "Andate al sanatorio" me dijo.
"Traeme una toalla, andá a buscar el auto, no te preocupes" me decía mamá. Eran órdenes demasiado complejas para mí, no podía procesar nada. Me vestí como pensé que los colores podrían augurarme un buen resultado, porque en medio de tanta incertidumbre quería creer que algo podía hacer para estar más tranquilo.
No bajé las escaleras, me tiré como en una rampa y ya en la calle corrí hasta el garage, que nadie me detenga: "Van a nacer mis hijos!!!"
Mamá bajó con todos los bolsos, los que yo ni me acordaba que había que llevar y que por gracia divina, habíamos armado hacía sólo 4 días, porque en definitiva y no sé si ya les conté, faltaban dos meses para que estuvieran en fecha de nacer!!!
Era 5 de diciembre y todavía Rosario dormía. Llegamos al Sanatorio de la Mujer y fuimos a la guardia. El doctor que nos atendió también dormía. Después de una serie de exámenes nos pasaron a una salita con un aparato que, conectado a la panza de mamá, nos hacía escuchar los latidos de ustedes dos.
Mamá estaba un poco inquieta también, porque alguien ahí adentro no paraba de moverse y quería salir.
Le avisamos a los abuelos que ya había empezado todo y la familia se había alborotado. Llegó el doctor Jaime y casi riéndose nos dice: "Chicos, no les dije nada para que no se asusten, en quince minutos entramos a cesárea". Y el mundo nos empezó a pesar en los hombros. Estábamos a punto de conocernos, mamá y papá, Martino y Josefina, finalmente y después de 7 meses estábamos a sólo 15, 20 minutos de vernos por primera vez en vivo y en directo, sin panzas ni ecógrafos ni aparatos de por medio. Estábamos a punto, mamá y yo, de enamorarnos de nuevo y para siempre de ustedes dos.
Mamá fue la primera en ir al quirófano, al rato me llamaron a mi. Todo iba re bien y el doctor Jaime estaba buscándolos en la pancita de mamá. No se demora: Con dos manos sostiene un bebé, es una nena dice y se escucha un llanto: Bienvenida Josefina!!! Los doctores la agarran y la limpian y la pesan: 1 kilo 450 gramos.
Sigue buscando y tampoco tarda, acá viene el varón. Y sale. Se escucha otro llanto: Bienvenido Martino!!!
Otro doctor lo agarra, limpia y pesa: 1 kilo 870 gramos. La hora? 8:40 y 8:42
Los doctores los envuelven en mantitas y los traen para que mamá y yo les demos un beso y los veamos de cerca, y se los llevan a hacer cosas de bebés, pero esa historia mis amores, no la voy a contar acá, porque acá termina el Diario de Martino y Josefina, el relato de los días que pasaron ustedes en la panza de mamá y las aventuras que papá y mamá tuvimos para llegar hasta esos dos bebés envueltos en mantitas.
Hijos, quiero cerrar este diario, contándoles lo que les dije tantas veces: desde antes de conocerlos los deseamos y los amamos, y de a poco nos fuimos sorprendiendo de cuánto podemos hacer por ustedes dos y lo imprescindibles que son en nuestras vidas. Fueron 7 meses hermosos, llenos de emociones y sobresaltos, muy intensos y repletos de anécdotas: y así tiene que ser la vida, una historia digna de contar, un relato irrepetible donde nos sintamos protagonistas y hasta un poquito héroes de nuestra propia vida. Gracias hijos por llegar a nuestras vidas, gracias Dios por ponerlos, gracias a los doctores que lo hicieron posible, gracias Vanina por elegirme como compañero.
Ahora comienza una nueva historia, donde los protagonistas son ustedes dos, y tiene todos los condimentos para ser una hermosa anécdota. Nos leemos en "Las aventuras de Martino y Josefina"!