lunes, 14 de octubre de 2019

Las Aventuras de Martino y Josefina: La nueva espera

Empiezo a escribir hoy, casi 6 años después de que nos sorprendieran los eventos de "Bebés en la madrugada", tal vez vez por nostalgia, tal vez por la necesidad Mellis de que sepan cómo fueron sus primeras pinceladas del cuadro que pintaron de sus recuerdos al día de hoy.
Cuando nacieron y después del primer beso de mamá, dos doctores los llevaron rápido a neo. No era para menos, eran bebés muy chiquitos! Jose nació con 1,430 kg y Martu con 1,850 kg.
Además, al haber llegado tan rápido, los doctores se querían asegurar que no les pasara nada, porque se suponía que iban a estar dos meses más en la panza de mamá!
Mientras ella estaba en cama porque le habían sacado 2 bebés de su panza, yo fui a conocerlos.
Todo lo que pasó esa mañana fue inolvidable.
Recuerdo el pasillo de neo, y una cola larga de papás esperando. Abren a las 11 me dijeron. Pero yo vengo a ver a mis hijos! Recién nacieron! No había preferencias. Tuve que esperar. Los nervios y la ansiedad me estaban matando. Cómo los iba a reconocer? Apenas los vi salir de la panza de mamá, no me acordaba como eran... Al fin nos abren, le pregunto a una enfermera y me indica que me tenía que poner una bata, lavarme las manos... en fin, una preparación!
Ya con la bata, limpio y más nervioso que nunca paso a otra sala. Estos son me dicen y ahí los veo, cada uno en una incubadora, Jose toda tapadita porque ya sabemos hoy que es friolenta, Martu con el torso al aire. Y yo ahí, parado adelante de ustedes: No sabía a cuál tocar primero, a cuál hablarle, no sabía qué hacer hijitos. Les confieso que al día de hoy, no pude superar esa duda, mi instinto es abrazarlos a los dos, hacerles upa a los dos, besarlos a los dos... Son mis amores por igual.
Recuerdo que estaban junto a Liz: su mamá me había contenido en la espera y ella estaba al lado de ustedes. Recuerdo que les canté una canción, un arrorró. No sabía si tocarlos, no los podía alzar o besar... era todo tan raro. Cuando me dijeron que el tiempo había acabado, yo sin entender muy bien porqué los tuve que dejar ahí y salir corriendo a contarle a mamá cómo estaban ustedes, porque ella no sabía nada!
A la tarde, y contra toda recomendación médica, mamá se armó de fuerzas y como pudo se levantó de la cama para conocerlos. Como estaban en cuidados intensivos no podíamos verlos todo el tiempo, teníamos un horario. Mamá se tenía la panza pero no le importaba otra cosa que estar con ustedes.
Estábamos nerviosos, preocupados, inseguros. Todo era nuevo también para nosotros y no era el cuentito que nos habíamos imaginado...  Pero ya estaban ahí, habían nacido nuestros Mellis. El día que cambió nuestra vida había empezado y ya nada iba a ser igual.

jueves, 2 de enero de 2014

Bebés en la madrugada: La llegada de Martino y Josefina.

Empezar a contar este capítulo de la historia desde el día que sucedió sería, en gran parte, olvidarse de los hechos que no pueden separarse de las futuras anécdotas que mamá y yo vamos a contar por el resto de nuestras vidas y que desencadenaron en la llegada al mundo de Martino y Josefina.
Así que haciendo honor a la verdad, esto empezó el 4 de diciembre, que es el día de la publicidad y por ende, feriado para papá. Mamá estaba de licencia por las contracciones y con nuestro tiempo libre a cuestas, habíamos planificado hacer una sesión de fotos profesionales para tener registro de la hermosa panza de mamá con los bebés adentro.
Ese día de calor terrible, habíamos estado toda la mañana cambiándonos de ropa y posando como modelos, homenaje al orgullo y amor que el contenido del vientre de mamá nos producía. Terminada la producción, mamá se agarró la panza y les dijo: "ya nos sacamos las fotos, pueden nacer cuando quieran", y todavía sonaba con una graciosa inocencia.
Más tarde tuvimos consulta en lo del doctor Jaime, que nos despidió con un contundente: no quiero tener noticias suyas hasta dentro de dos semanas.
Siesta en casa y por la noche mamá me dice: "gordo, y si comemos un asadito?" Así que fue asadito la cena y después a dormir, porque al otro día... al otro día no lo sabíamos, pero nos estaba por cambiar la vida.
Faltaban 15 minutos para las 5 de la mañana y la voz de mamá sonó tan dulce como alarmante: "gordo, rompí bolsa".
Como sabrán ahora, los bebés crecen en bolsas con líquido y un cordón que los conecta a la mamá. Cuando un bebé decide que ya pasó mucho tiempo en la panza de su mamá, rompe la bolsita para avisar que ya está listo y empieza a buscar la salida.
Yo, dormido, pasé de soñar a desperar en segundos y parado desnudo en la habitación no sabía qué hacer.
Llamé al doctor Jaime, no habían pasado las dos semanas que nos había ordenado. Ni dos días, ni siquiera 1. "Joaquín, Vanina rompió bolsa". "Andate al sanatorio" me dijo.
"Traeme una toalla, andá a buscar el auto, no te preocupes" me decía mamá. Eran órdenes demasiado complejas para mí, no podía procesar nada. Me vestí como pensé que los colores podrían augurarme un buen resultado, porque en medio de tanta incertidumbre quería creer que algo podía hacer para estar más tranquilo.
No bajé las escaleras, me tiré como en una rampa y ya en la calle corrí hasta el garage, que nadie me detenga: "Van a nacer mis hijos!!!"
Mamá bajó con todos los bolsos, los que yo ni me acordaba que había que llevar y que por gracia divina, habíamos armado hacía sólo 4 días, porque en definitiva y no sé si ya les conté, faltaban dos meses para que estuvieran en fecha de nacer!!!
Era 5 de diciembre y todavía Rosario dormía. Llegamos al Sanatorio de la Mujer y fuimos a la guardia. El doctor que nos atendió también dormía. Después de una serie de exámenes nos pasaron a una salita con un aparato que, conectado a la panza de mamá, nos hacía escuchar los latidos de ustedes dos.
Mamá estaba un poco inquieta también, porque alguien ahí adentro no paraba de moverse y quería salir.
Le avisamos a los abuelos que ya había empezado todo y la familia se había alborotado. Llegó el doctor Jaime y casi riéndose nos dice: "Chicos, no les dije nada para que no se asusten, en quince minutos entramos a cesárea". Y el mundo nos empezó a pesar en los hombros. Estábamos a punto de conocernos, mamá y papá, Martino y Josefina, finalmente y después de 7 meses estábamos a sólo 15, 20 minutos de vernos por primera vez en vivo y en directo, sin panzas ni ecógrafos ni aparatos de por medio. Estábamos a punto, mamá y yo, de enamorarnos de nuevo y para siempre de ustedes dos.
Mamá fue la primera en ir al quirófano, al rato me llamaron a mi. Todo iba re bien y el doctor Jaime estaba buscándolos en la pancita de mamá. No se demora: Con dos manos sostiene un bebé, es una nena dice y se escucha un llanto: Bienvenida Josefina!!! Los doctores la agarran y la limpian y la pesan: 1 kilo 450 gramos.
Sigue buscando y tampoco tarda, acá viene el varón. Y sale. Se escucha otro llanto: Bienvenido Martino!!!
Otro doctor lo agarra, limpia y pesa: 1 kilo 870 gramos. La hora? 8:40 y 8:42
Los doctores los envuelven en mantitas y los traen para que mamá y yo les demos un beso y los veamos de cerca, y se los llevan a hacer cosas de bebés, pero esa historia mis amores, no la voy a contar acá, porque acá termina el Diario de Martino y Josefina, el relato de los días que pasaron ustedes en la panza de mamá y las aventuras que papá y mamá tuvimos para llegar hasta esos dos bebés envueltos en mantitas.
Hijos, quiero cerrar este diario, contándoles lo que les dije tantas veces: desde antes de conocerlos los deseamos y los amamos, y de a poco nos fuimos sorprendiendo de cuánto podemos hacer por ustedes dos y lo imprescindibles que son en nuestras vidas. Fueron 7 meses hermosos, llenos de emociones y sobresaltos, muy intensos y repletos de anécdotas: y así tiene que ser la vida, una historia digna de contar, un relato irrepetible donde nos sintamos protagonistas y hasta un poquito héroes de nuestra propia vida. Gracias hijos por llegar a nuestras vidas, gracias Dios por ponerlos, gracias a los doctores que lo hicieron posible, gracias Vanina por elegirme como compañero.
Ahora comienza una nueva historia, donde los protagonistas son ustedes dos, y tiene todos los condimentos para ser una hermosa anécdota. Nos leemos en "Las aventuras de Martino y Josefina"!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Todo tiene que ver con Martino y Josefina.

Va pasando el tiempo en la ciudad. Rosario se llena de pieles, porque el calor obliga a exiliar las camperas. Los días se hacen más largos y la "otra" pieza, esa que no es la de mamá y papá, empieza a deshojarse de sus viejos rasgos. Los muebles se van por turnos, según nos visiten los abuelos Omar y Ana, y el lugar que haya en la camioneta.
De a poquito el ropero se va llenando de pañales y de ropita tan chiquitita que hace picar los ojos de emoción.
Dos cartelitos con dibujitos de animales llevan letras pegadas que mamá pintó: "Martino" dice un hipopótamo celeste. "Josefina" está sobre una mariposa rosa.
El almanaque nos tira una nueva semana todos los jueves y los números que quedaron atrás son ahora muchos más que los que quedan adelante. Pensamos si llegarán antes de las fiestas, si vendrán en enero. Pensamos en semanas, pensamos en contracciones por hora, pensamos en ecografías. Vemos una pantalla y soñamos una vida juntos. Los brazos ya empiezan a impacientarse de tanto esperarlos, porque las ganas de tenerlos se recibieron de deseo y el deseo se te encarna en la piel de los brazos como cuando te pica un mosquito, pero no te pica sino que sentís un hormigueo raro, dulce diría. Lindo. Y no se va al rato como lo del mosquito. Se te queda esperando, a veces dormiditas las ganas, a veces inquietas.
Igualitas a ustedes dos, que los vemos desde afuera jugar en la panza de mamá, darse vuelta, mover sus patitas y sus bracitos. Yo creo que mueven los bracitos porque también tienen ese hormigueo dormido a veces, inquieto otras, de abrazar a papá y mamá fuerte fuerte.
Ayer, invitamos a sus abuelas a ver una ecografía en vivo y en directo. Se imaginarán la emoción que tenían las dos. Calladitas no sabían muy bien donde pararse, pero les cuento que cuando aparecieron en la pantalla del consultorio, no querían estar en ningún otro lugar en el mundo. Las dos le hubieran hecho upa a la tele si las hubiesen dejado!
Martino y Josefina deben ser hoy las dos palabras que más decimos mamá y yo. Claro que también decimos "bebés", "bebotes", "hijos", "hijitos". Todo ahora tiene que ver con ustedes dos. Les cuento esto hijos, para que sepan cómo están transformando nuestras vidas desde mucho antes de nacer. Cómo papá y mamá los aman desde hace tanto tiempo, que cuando lo leamos juntos les va a parecer la prehistoria. Que no vendría a ser otra cosa que su historia, un ratito antes de que empiecen a recordarla.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Caritas

Cuando sean grandes van a leer y escuchar en muchas canciones y libros la frase "La primera vez que te vi me enamoré". Creánme que todo tomó sentido una noche de martes en un consultorio con un televisor enorme.
Mamá y yo habíamos ido a hacer una ecografía para medirles los huesitos y ver sus corazoncitos. En ese televisor donde veíamos latidos y flujos de sangre pasar de colores, aparecieron por primera vez ante nuestros ojos, sus caritas hermosas de bebé.
Cuando el doctor apretaba un botón de su computadora, la imagen gris y rara que no entendíamos se transformaba en una foto de ustedes. La primera vez que los veíamos!
Nos quedaron chicos los ojos para tantas lágrimas.
La primera en aparecer esta vez fue Josefina, pero como siempre, ella jugaba al misterio! Se tapaba la carita, se escondía y encima, pegadito a su carita estaba El culo de Martino!
Él quería toda la cámara, y la empujaba a la hermana en la pancita de mamá que les daba espacio para que se acomoden. Todas las fotos de ese día salvo dos, fueron de Martino. Josefina ya sabía, seguramente, que papá iba a ser alguito celoso de su princesita, y no quería que la anden mirando.
Naricita finita, carita de reina, Josefina nos iba preparando los sueños de coqueterías, de mamá e hija paseando con ropa de leopardo y accesorios, de muñecas y trenzas, sueños de besos dulces y abrazos largos.
Martino asomaba parecido a mi. La nariz un poquito ancha, los rasgos míos cuando era bebé. Por primera vez en mi vida experimenté el orgullo genuino e inexplicable de escuchar "Es igualito a vos". Te soñaba abrazados en la cancha, con la camiseta de Ñubel, jugando videojuegos juntos y hablando de cosas de hombre.
Hijitos, no nos podíamos aguantar las ganas de abrazarlos y besarlos!!! Qué emoción y orgullo vernos ahí dentro de mamá, creciendo sanitos, tan hermosos, movedizos. Queríamos agarrarles las manitos y jugar y hablarles y escucharlos.
El doctor nos contaba paso a paso lo que veíamos. Nos explicaba que todo estaba muy bien y que para sorpresa nuestra, ya pesaban entre los dos un kilo y medio! Mamá los sentía crecer adentro cada vez más grandes y la panza ya adivinaba que adentro dos bebés hermosos se movían y pateaban y estaban cada vez más cerca de salir al mundo.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Feliz (primer) día Mamá!

El tercer domingo de octubre se celebra el día de la madre. Siempre lo festejamos con algún regalo y unos mimos a nuestras mamás, que son sus abuelas. Todos los años hasta este, el día de la madre había sido algo que nos pasaba para otra persona.
Hacía ya 5 meses y pico que adentro de mamá ustedes se movían, crecían y ella los sentía hacer todo eso. Yo, como espectador privilegiado, vi como el cuerpo menudito de mamá se fue transformando para acunarlos en una panza maravillosa que asomaba como un sol en nuestras vidas. Mamá estaba orgullosa, feliz, emocionada. La sensación, chicos, no puedo trasmitirla exactamente, porque como les dije, yo sólo fui poco más que un espectador de esa etapa. Sí les puedo contar del amor que les tuvimos desde el principio, y el brillo de ese amor que salía de los ojos de mamá.
Y el 20 de octubre, domingo, tercero de octubre, festejamos el primer día de mamá. Recibió regalos, felicitaciones, llamados... qué emoción chicos!!! Mamá, que tanto los soñó, que tanto los imaginó, que hasta llegó a creer que estas alegrías tan plenas, tan genuinas no estaban reservadas para ella, se acariciaba la panza y sentía sus pataditas como caricias y les decía cosas hermosas y los bañaba con lágrimas chiquitas y cristalinas que dejaba caer desde sus nuevos ojos de mamá.

jueves, 17 de octubre de 2013

El exhibicionista Martino y la pudorosa Josefina.

Íbamos por los 4 meses de embarazo. Ya están en la mitad, nos decían.
Ya? Nosotros nos moríamos de ansiedad!!! Los veíamos crecer desde muy chiquititos en la panza de mamá, pero no los podíamos abrazar, besar, alzarlos o ponerles camisetitas de ñubel como soñábamos.
Y si la ansiedad fuera poca, todavía no sabíamos si eran nenes, nenas o uno y uno. No les comprábamos ropita, ni juguetes, ni nada, porque no sabíamos para quién comprar todavía.
Para esa altura, ya nos atendíamos con el doctor Joaquín Jaime, que es el doctor que se encarga de ayudar a las mamás a que los chicos salgan de las panzas para que los papás los podamos besar, abrazar y ponerles camisetitas de ñubel como corresponde.
Lo importante, a todo esto, es que nos íbamos a hacer la famosa ecografía que nos iba a mostrar quiénes estaban ahí adentro! Qué emoción! Cuánta ansiedad!
La doctora que atendió a mamá, empezó a buscar con un aparato por afuera de la panza y, en una pantalla, veíamos lo que estaba pasando adentro.
Por cómo estaban acomodados, primero apareció el exhibicionista de Martino. "Acá hay un pito" dijo la doctora. Y se nos llenaron los ojos de lágrimas y los corazones de emociones. Y se nos llenaron los labios de besos y los ojos de sueños que soñábamos despiertos. Martino dijimos juntos.
Y en seguida a buscar a la hermana o hermano. Porque estaba más lejos de la doctora. Y se hacía la difícil, con las patitas cruzadas. "Me parece que es una nena, pero no lo puedo asegurar" dijo la doctora, y se nos hacía un nudo en la garganta! Cómo que no!? Nosotros queríamos saber.
Nos fuimos de la clínica abrazados y llorando, soñando con pelotas de fútbol y abrazos y besos que empezaban a tener nombre real por primera vez.
Pero nos quedaba algo sin cerrar. Queríamos saber si al lado, finalmente, estaba Josefina!
Mamá fue determinante: saco turno y nos hacemos una eco particular! No vamos a esperar un mes más para saber el sexo de nuestros hijos. Y no esperamos.
En menos de una semana estábamos en otra clínica, con otra doctora, con un aparato parecido buscando en la pancita de mamá las imágenes de los bebés.
Lo primero que vimos, de nuevo, fue a Martino. Era obvio! Tenía el pito colgando! Qué chico!
Y al lado? Quién estaba al lado? La doctora le pedía a mamá que se mueva para un lado, que se mueva para el otro, porque alguien se escondía muy bien! Y de repente explotó la noticia: Es una nena! Y de nuevo lágrimas y emociones y sueños y una palabra en los labios de papá y mamá: Josefina.
La emoción, el amor, la alegría, los sueños. Es difícil de juntar las lágrimas de felicidad en una frase. Desde ese momento los comenzamos a llamar por sus nombres, sabiendo a quién tocábamos de cada lado de una panza que se asomaba como un sol en un amanecer lento y glorioso de 9 meses.

martes, 8 de octubre de 2013

Amor a primera vista.

Estábamos por la sexta o séptima semana cuando empezamos con las ecografías.
Las primeras imágenes que tuvimos de ustedes fueron apenas dos saquitos. Dos bolsitas chiquitas flotando en la panza de mamá.
Después empezaron a llegar las formas. Con sus cordoncitos al principio eran dos larguiruchitos con un puntito blanco que titilaba: ya tenían un corazón que latía fuerte.
De repente, otra eco y la imagen de dos bebés! Con sus cabecitas, manitos, piernitas. Cuánta ansiedad!!!
Según mamá, y como escucharán en uno de los videos, son cabezones como yo. No hagan caso, son hermosos los dos.
Al principio, no sabíamos exactamente su eran nenes, nenas,o ambos. Tuvimos que esperar hasta la semana 16 para poder enterarnos!
Pero esa historia, bien vale otro capítulo, porque como todo lo que nos pasa, es hermoso.