miércoles, 27 de noviembre de 2013

Todo tiene que ver con Martino y Josefina.

Va pasando el tiempo en la ciudad. Rosario se llena de pieles, porque el calor obliga a exiliar las camperas. Los días se hacen más largos y la "otra" pieza, esa que no es la de mamá y papá, empieza a deshojarse de sus viejos rasgos. Los muebles se van por turnos, según nos visiten los abuelos Omar y Ana, y el lugar que haya en la camioneta.
De a poquito el ropero se va llenando de pañales y de ropita tan chiquitita que hace picar los ojos de emoción.
Dos cartelitos con dibujitos de animales llevan letras pegadas que mamá pintó: "Martino" dice un hipopótamo celeste. "Josefina" está sobre una mariposa rosa.
El almanaque nos tira una nueva semana todos los jueves y los números que quedaron atrás son ahora muchos más que los que quedan adelante. Pensamos si llegarán antes de las fiestas, si vendrán en enero. Pensamos en semanas, pensamos en contracciones por hora, pensamos en ecografías. Vemos una pantalla y soñamos una vida juntos. Los brazos ya empiezan a impacientarse de tanto esperarlos, porque las ganas de tenerlos se recibieron de deseo y el deseo se te encarna en la piel de los brazos como cuando te pica un mosquito, pero no te pica sino que sentís un hormigueo raro, dulce diría. Lindo. Y no se va al rato como lo del mosquito. Se te queda esperando, a veces dormiditas las ganas, a veces inquietas.
Igualitas a ustedes dos, que los vemos desde afuera jugar en la panza de mamá, darse vuelta, mover sus patitas y sus bracitos. Yo creo que mueven los bracitos porque también tienen ese hormigueo dormido a veces, inquieto otras, de abrazar a papá y mamá fuerte fuerte.
Ayer, invitamos a sus abuelas a ver una ecografía en vivo y en directo. Se imaginarán la emoción que tenían las dos. Calladitas no sabían muy bien donde pararse, pero les cuento que cuando aparecieron en la pantalla del consultorio, no querían estar en ningún otro lugar en el mundo. Las dos le hubieran hecho upa a la tele si las hubiesen dejado!
Martino y Josefina deben ser hoy las dos palabras que más decimos mamá y yo. Claro que también decimos "bebés", "bebotes", "hijos", "hijitos". Todo ahora tiene que ver con ustedes dos. Les cuento esto hijos, para que sepan cómo están transformando nuestras vidas desde mucho antes de nacer. Cómo papá y mamá los aman desde hace tanto tiempo, que cuando lo leamos juntos les va a parecer la prehistoria. Que no vendría a ser otra cosa que su historia, un ratito antes de que empiecen a recordarla.

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