Íbamos por los 4 meses de embarazo. Ya están en la mitad, nos decían.
Ya? Nosotros nos moríamos de ansiedad!!! Los veíamos crecer desde muy chiquititos en la panza de mamá, pero no los podíamos abrazar, besar, alzarlos o ponerles camisetitas de ñubel como soñábamos.
Y si la ansiedad fuera poca, todavía no sabíamos si eran nenes, nenas o uno y uno. No les comprábamos ropita, ni juguetes, ni nada, porque no sabíamos para quién comprar todavía.
Para esa altura, ya nos atendíamos con el doctor Joaquín Jaime, que es el doctor que se encarga de ayudar a las mamás a que los chicos salgan de las panzas para que los papás los podamos besar, abrazar y ponerles camisetitas de ñubel como corresponde.
Lo importante, a todo esto, es que nos íbamos a hacer la famosa ecografía que nos iba a mostrar quiénes estaban ahí adentro! Qué emoción! Cuánta ansiedad!
La doctora que atendió a mamá, empezó a buscar con un aparato por afuera de la panza y, en una pantalla, veíamos lo que estaba pasando adentro.
Por cómo estaban acomodados, primero apareció el exhibicionista de Martino. "Acá hay un pito" dijo la doctora. Y se nos llenaron los ojos de lágrimas y los corazones de emociones. Y se nos llenaron los labios de besos y los ojos de sueños que soñábamos despiertos. Martino dijimos juntos.
Y en seguida a buscar a la hermana o hermano. Porque estaba más lejos de la doctora. Y se hacía la difícil, con las patitas cruzadas. "Me parece que es una nena, pero no lo puedo asegurar" dijo la doctora, y se nos hacía un nudo en la garganta! Cómo que no!? Nosotros queríamos saber.
Nos fuimos de la clínica abrazados y llorando, soñando con pelotas de fútbol y abrazos y besos que empezaban a tener nombre real por primera vez.
Pero nos quedaba algo sin cerrar. Queríamos saber si al lado, finalmente, estaba Josefina!
Mamá fue determinante: saco turno y nos hacemos una eco particular! No vamos a esperar un mes más para saber el sexo de nuestros hijos. Y no esperamos.
En menos de una semana estábamos en otra clínica, con otra doctora, con un aparato parecido buscando en la pancita de mamá las imágenes de los bebés.
Lo primero que vimos, de nuevo, fue a Martino. Era obvio! Tenía el pito colgando! Qué chico!
Y al lado? Quién estaba al lado? La doctora le pedía a mamá que se mueva para un lado, que se mueva para el otro, porque alguien se escondía muy bien! Y de repente explotó la noticia: Es una nena! Y de nuevo lágrimas y emociones y sueños y una palabra en los labios de papá y mamá: Josefina.
La emoción, el amor, la alegría, los sueños. Es difícil de juntar las lágrimas de felicidad en una frase. Desde ese momento los comenzamos a llamar por sus nombres, sabiendo a quién tocábamos de cada lado de una panza que se asomaba como un sol en un amanecer lento y glorioso de 9 meses.
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